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La cuarentena y las relaciones familiares

Este artículo fue pensado en conjunto con un equipo de terapeutas talentosos, humanos, compasivos, con los que tengo la enorme fortuna de trabajar hace ya varios años.

Todos somos especialistas en parejas, algunos además trabajamos en crianza, otros en trauma, dbt, ansiedad, familia, etc. Gracias Cecilia Gelfi, Sebastian Mosquera, Paula Azrilevich, Ana Martinez Bieule, Fiorella Ingrassia y Paola Manfredi por compartir con tanto amor esta iniciativa. Y otras gracias especiales a mi querida amiga Florencia Basaldua.

Todos estamos en el mismo barco, todos estamos en la misma sopa, esta situación no distingue entre clases o edades, y de esas muchas más.

Puedo entender que todas esas afirmaciones suenan a verdaderas y también puedo entender por qué algunas personas las repiten. Despertar de pronto en esta idea o en esta sensación, es una experiencia que te mete humildad hasta el último poro y, para algunas personas, esta es la primera vez que se sienten así.

Pero no todos estamos en la misma parte del barco y no todos estamos haciendo este viaje de la misma manera. Nuestra vida no estaba en los mismos lugares cuando llegó esto, ni quedará en los mismos lugares cuando esto se vaya. Ser la empleada doméstica escondida en el baúl del auto es una vida, ser el médico de emergencias es otra vida, ser yo es otra vida, ser vos es otra vida. Y no lo digo de este modo por comparar ni rankear pesares ni estreses. Simplemente lo digo desde el lugar de reconocer la diversidad de vidas que hay dentro del mismo barco.

Y escuchando con nuestro equipo a nuestros consultantes, viendo el efecto y el impacto que tiene el encierro, la convivencia obligatoria y la sensación global de alarma en las relaciones de pareja y de padres e hijos, tuvimos en nuestra última reunión la idea de armar una pequeña lista de nociones muy básicas y de ideas muy sencillas apuntadas a los vínculos de pareja y de padres e hijos, que quizás a alguna familia le venga bien. Les pido disculpas, es un poco largo, espero que además de largo sea útil.

Lo primero que pensamos es cómo reducir el impacto negativo que puede tener esta situación en un vínculo. Las investigaciones del Dr Gottman muestran que para mejorar la calidad de un vínculo no es tan relevante disminuir la negatividad como lo es aumentar la positividad. Para entender esta idea, sirve imaginarse a una relación como si fuera una cuenta corriente en un banco. El Dr Gottman la llama La Cuenta Bancaria Emocional. Cada interacción con el otro puede ser un depósito, una consulta de saldo o una extracción. Para que la relación no tenga problemas “financieros” la proporción de intercambios positivos a negativos debe ser cerca de 20 a 1. Parece inalcanzable semejante número, pero basta con pensar que apartar la vista del celular y mirar a los ojos a alguien que me habla, suma plata en la cuenta. Ser amable, educado, cortés, pedir por favor, decir gracias, convidar de lo que uno se esté sirviendo, tocar, bromear, compartir, acariciar. Si quieren más información o más ideas o inspiración para sumar plata en la cuenta, en un posteo aparte vamos a poner algunos de los ejercicios que les damos a nuestras parejas en tratamiento.

Lo segundo que pensamos es que no es una buena idea aprovechar el encierro para resolver algunos temas de conflicto que estén dando vueltas en la familia o en la relación. La razón es bastante simple: las conversaciones de conflicto pueden ser entendidas por nuestros cerebros como un contexto de amenaza, tanto sea por la intensidad que está teniendo la conversación como por el tema que se esté conversando. Cuando nuestro cerebro evalúa que afuera hay una amenaza, tiende a responder siempre de la misma manera, manda a fabricar las hormonas del estrés, principalmente adrenalina y cortisol, y predispone a las conductas de lucha o huida. La realidad es que ahora mismo nuestro cerebro ya está entendiendo que hay una amenaza en el ambiente, por lo que ya estamos muy cerca del umbral de reacción que dispara la conducta de lucha o huida sin necesidad de estar discutiendo nada con nadie. Si además a eso le sumo el ingrediente de que no hay hacia donde huir y claramente con mi pareja no puedo luchar...

Si de todas maneras les sucede que se meten en una discusión, traten de observar a su cuerpo y a sus emociones. Sienten aumento en la frecuencia cardíaca? Se escuchan contraargumentando lo que dice el otro como si fueran abogados litigantes en una apelación? Piensan que el otro está completamente equivocado y que ustedes tienen razón? Si la respuesta a alguna de estas preguntas es sí, entonces paren la conversación aunque sea en medio de una frase. Tomen la distancia que puedan, en el baño, en el balcón, por al menos 20 minutos durante los cuales no se puede estar pensando en la pelea ni repasando lo que sucedió, y transcurrido ese tiempo hagan una nota en un papel o en el celular recordándose de qué quisieran hablar con su pareja cuando todo esto termine pero no retomen la conversación.

Y reparen. Pidan disculpas, bajen la voz, hagan las paces, perdonen, pidan al otro que se disculpe, acepten treguas, sean compasivos, no hay precedente en toda la historia de la humanidad para lo que estamos viviendo, sobrevivan, que esto se va a acabar pero nuestras vidas van a seguir, esperamos, con la menor cantidad de machucones posibles.

Lic. Laura Vazquez