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Los padres comprometidos en la crianza de sus hijos reciben con agrado la posibilidad de reflexionar con otros padres, sumar herramientas y aumentar su propia seguridad para poder acompañar de una manera más eficiente a sus hijos.

No existen recetas mágicas, pero sí conocimientos en psicología, neurociencias y educación que nos ayudan a entendernos a nosotros mismos y aumentar las posibilidades de comprensión de nuestros hijos para resolver con mayor acierto los desafíos que nos traen.

Es así que en estos tiempos surgen libros, charlas sobre temas de crianza y talleres para padres destinados a brindar orientación a aquellos deseosos de incorporar habilidades y herramientas que los ayuden en la educación de sus hijos.

La Disciplina Positiva, un modelo de crianza que viene extendiéndose por el mundo y ha crecido en Argentina desde hace algunos años, va llegando cada vez a más padres/madres con la convicción de que hay habilidades de crianza que se pueden aprender y que junto a otros padres se hace más sencillo este camino.

Aquí comparto algunos principios de este modelo de crianza:

Establecer con los hijos una relación de cercanía y comprensión, “antes de buscar la razón hay que entrar al corazón”. Sólo desarrollando una buena conexión, podemos ejercer una gran influencia.

Poder relacionarnos siendo firmes y amables al mismo tiempo. La firmeza que otorga el ser los líderes de la crianza, el ver más allá y tener experiencia respecto a lo que está bien o no, pero a la vez poder transmitir estos aprendizajes y valores con amabilidad, sin lastimar a los niños con actos o comentarios.

Tener una visión de futuro sobre las habilidades que deseamos desarrollen nuestros hijos: respeto, sinceridad, compañerismo,etc. no perder de vista ese faro, que nos ayuda a aprovechar los desafíos y problemas diarios para enseñar esas habilidades.

El comportamiento humano tiene siempre una finalidad, reconocer las razones que llevan a los niños a actuar de determinada manera, lo que motivó la conducta, en lugar de ver sólo el “mal comportamiento”, nos ayudará a llegar a la causa y poder hacer cambios.

Entender que “cuando nos sentimos mejor, actuamos mejor” y los niños también. Empatizar, comprender, escuchar sus emociones primero, ayudará a lograr el vínculo necesario para que los niños nos puedan escuchar y cooperar. ¡Conexión, antes que corrección!

Dedícales tiempo de calidad. Cuando más pequeños son, más tiempo necesitan, de juego, de atención exclusiva diaria. Pero cuando crecen también necesitan compartir salidas, sentarse a conversar, estar disponible y atentos a ellos.

En vez de dar órdenes, haz preguntas que inviten a la reflexión ¿qué pensas respecto a…? ¿qué sentis cuando…?, ¿qué decidiste…?. Ayudarlos a pensar para que busquen en ellos respuestas alternativas a los problemas que se les va presentando.

Involucra a tus hijos, fomenta su participación, escucha sus ideas en la solución de problemas o establecimiento de rutinas. Esto hace que los chicos desarrollen el sentido de pertenencia, estén motivados a asumir sus responsabilidades y estén menos propensos a la rebeldía y la desobediencia.

Dale opciones limitadas, les brindará la sensación de que no tienen que obedecer todo a rajatabla y estarán más dispuestos a colaborar.

Si quieres que tu hijo tenga una personalidad controlada, practica tu mismo el autocontrol. Nuestros actos enseñan mucho más que mil discursos.

Habla menos y actúa más. Con los niños pequeños, acércate a tu hijo y muéstrale lo que tiene que hacer, en vez de decir “mil veces los mismo” desde lejos, esperando que “obedezca” rápidamente. Ej. Hay que ir a bañarse y no espero que vaya solo, lo acompaño a que se vaya cumpliendo lo que digo, así es el proceso los primeros cinco años.

Equivocarse es normal, veamos los problemas como oportunidad de conexión y de reflexión. No te centres tanto en el logro o en el error, motívalos reconociendo su esfuerzo, avance y progresos. No busquemos la perfección, es la clave para que se animen a arriesgarse y no se desalienten ante los fracasos.

Registrar, aceptar sus sentimientos (estemos de acuerdo o no) y ayudarles a expresar sus emociones de una manera asertiva sin perjudicar a los demás, es una tarea que requiere un aprendizaje de años… no esperemos que lo logren en un día.

Los principios y herramientas de la Disciplina Positiva pueden compararse con un rompecabezas, es dificil ver la imagen completa hasta no tener todas o casi todas las piezas encastradas. A veces una idea o concepto no tendrá sentido hasta no combinarse con otro o con un cambio de actitud.

Estos nuevos tiempos, nos presentan estas posibilidades de talleres para padres y charlas que nos abren la posibilidad a sumar herramientas, adquirir confianza y poder crecer, junto a otros adultos, en este aprender a ser padres hoy.

Lic. Vanesa Gomez
Psicopedagoga – Positive Discipline Trainer.