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Todos nacemos con emociones pero no todas las emociones son innatas. Los niños nacen con reacciones emocionales tales como llorar, sentir frustración, enojo o dolor y aprenden acerca de las otras emociones a medida que van creciendo.

No hay un consenso general acerca de cuáles son las emociones innatas y cuáles son las que se aprenden a través de la interacción social y emocional y los contextos culturales. Sin embargo, está ampliamente aceptado que hay ocho emociones innatas primarias: enojo, tristeza, miedo, alegría, interés, sorpresa, asco y vergüenza. Estas emociones se reflejan en distintas variantes. Por ejemplo, el resentimiento y la violencia frecuentemente surgen del enojo y la ansiedad se asocia al miedo.

Las emociones secundarias están siempre relacionadas con estas ocho primarias y reflejan nuestra reacción emocional a sentimientos específicos. Estas emociones se aprenden a partir de nuestras experiencias.
Por ejemplo, un niño que es castigado por una rabieta podría sentirse ansioso la próxima vez que se enoja. Un niño que ha sido ridiculizado por expresar miedo podría sentir vergüenza la próxima vez que se asusta.

En otras palabras, la forma en la que reaccionamos a las emociones de nuestros niños tiene un impacto directo en su inteligencia emocional.

La invalidación evita que los niños aprendan a manejar sus emociones. Cuando les enseñamos a los niños a identificar sus emociones, les damos un marco que les ayuda a explicar cómo se sienten, lo que hace que para ellos sea más fácil lidiar con esas emociones de maneras apropiadas.

Las emociones que los niños experimentan varían según sus edades.

Los bebés están guiados exclusivamente por las emociones innatas. Por ejemplo, el llanto usualmente es un intento de evitar un estímulo aversivo o de moverse hacia un estímulo placentero (comida, caricias, upa). La evidencia sugiere que, durante los primeros 6 meses, los bebés son capaces de experimentar y responder al estrés adoptando conductas de autorrelajación como la succión. Otros estudios encontraron que los niños de 1 a 2 años desarrollan habilidades de autorregulación en la temprana infancia y son capaces de acercarse o evitar situaciones dependiendo del impacto emocional que tendrán.

Para el momento en que cumplen su primer año, los bebés adquieren la conciencia de que los padres pueden ayudarlos a regular sus emociones. A medida que dejan de ser bebés, empiezan a entender que ciertas emociones están asociadas a ciertas situaciones. Numerosos estudios sugieren que el miedo es la emoción más difícil para los niños de esta edad. En este punto, los padres pueden comenzar a hablar con los niños acerca de las emociones y alentarlos a que las nombren. Para el momento que cumplen 2 años, los niños ya son capaces de adoptar estrategias que los ayudan a lidiar con las emociones difíciles. Por ejemplo, son capaces de tomar distancia de las cosas que les molestan.

Los padres pueden ayudar con la elección de las situaciones, la modificación y las distracciones como estrategias para que los niños puedan lidiar con el enojo. En otras palabras, ayudar a los niños a evitar situaciones estresantes o distrayéndolos de tales situaciones es una de las estrategias de regulación emocional más efectivas.

A medida que crecen, se les puede enseñar a los niños a que manejen ellos mismos las situaciones difíciles. Nombrar las emociones también les ayuda a los pequeños a aprender que las emociones son normales. Cada día provee oportunidades para hablar con los niños acerca de ellas “Por qué crees que está triste?” “Uy, esa persona se ve enojada!”. Los niños también aprenden a manejar sus emociones viendo cómo nosotros lo hacemos.

A lo largo de la infancia comienzan a aparecer las emociones secundarias a medida que sus emociones primarias comienzan a ser validadas o invalidadas y así influyendo en sus reacciones emocionales futuras. Los niños mayores de 3 años ya pueden diferenciar cuáles expresiones emocionales son socialmente apropiadas y cuáles no pero aún les resulta difícil expresarlas, especialmente si no han aprendido a nombrarlas e identificarlas.

La regulación emocional no se trata solamente de expresar las emociones de manera apropiada. Es un proceso de tres fases que involucra enseñarles a los niños a identificar las emociones, identificar sus desencadenantes y enseñarles a manejarlas por sí mismos. Cuando les enseñamos a los niños que las emociones son válidas, los ayudamos a ver que lo que sienten es normal y manejable. También es importante durante los años de la infancia modelar conductas apropiadas. La mejor manera de enseñarles a los niños a reaccionar de manera apropiada es mostrándoselos. La evidencia sugiere que los niños perciben nuestras emociones y que aquellos que están expuestos a muchas emociones negativas tendrán más dificultades.

En definitiva, ayudar a los niños a manejar sus emociones comienza validándolas y proveyéndoles un ambiente en el cual se sientan seguros expresándolas. Numerosos estudios mostraron que los niños que se sienten seguros tienen más posibilidades de desarrollar y utilizar habilidades de regulación emocional apropiadas para lidiar con las emociones difíciles.

Escrito por Sanya Pelini
Traducido por Laura Vazquez